El otro día vi un vídeo sobre consejos imprescindibles de limpieza del hogar. Daba un poco de ecoansiedad ver la cantidad de plásticos que necesitan las influencers para mostrar al mundo todo lo que cualquier persona podría necesitar para tener un nidito acogedor. Durante estos segundos de visualización me llamó la atención la preocupación mostrada hacia su esponja de fibra de coco, que presumía de ser de lo más sostenible del mundo, y que presentaba el riesgo de albergar humedad, por lo que esta persona recomendó la adquisición de un artículo que evitase tal desastre.
¿Qué ocurre? Pues que pese a sus esponjas eco-responsables, la solución pasaba por comprar en el almacén gigante chino más famoso de la historia (todo el mundo habla de sus bajos precios y que tiene todo lo inimaginable), otro artefacto con el que la humedad no fuese un problema. Entonces, nos encontramos con la elección de los consumidores hacia productos más respetuosos con el medioambiente, como en el caso de menaje del hogar elaborado con fibras naturales, pero que conviven con otros chismes de plásticos que llegan a tu casa desde cualquier parte del mundo con la promesa de la comodidad y otros deseos creados. Por tanto, resulta que para contar con una casa adornada de lo más ecofriendly se requiere de artículos que para nada lo son por lo que aquí algo falla.
Me pasa lo mismo con otros sistemas que tratan de promover la economía circular pero que requieran de un transporte masivo para ello. De esta forma, por mucho que se hable de la segunda mano y darle otra vida, seguimos dependiendo de combustibles fósiles para lelvarlo a cabo. No creo que estas alternativas alivien lo mal que estamos haciendo todo. Me quedo con el mercado local, las tiendas de barrio y opciones contra el desperdicio alimentario que no necesiten furgonetas ni de transporte marítimo. Si lo haces de forma lógica, acudirás a estos sitios caminando porque están cerca tuya y no hará falta seguir contaminado.
Y es que a través de las redes sociales se nos llena la cabeza de necesidades inútiles en cuestiones como las rutinas de skincare, los unboxing de prendas de ropa que acabarán en océanos y muchos artículos que contribuyen a un sistema infinito de plásticos y objetos absurdos en un planeta finito que está soportando cada vez más deforestación y que lo sigamos esquilmando porque la velocidad del desarrollo se está acelerando y las grandes producciones no van al ritmo natural. Tanto estos vídeos como el documental que vi hace unos días sobre todo lo que conlleva la moda rápida (pisoteo de derehos humanos, impacto ambiental y trastornos alimentarios, entre otros) me hace pensar que esto no tiene sentido.





